Dependencias y Funcionamiento

LAS PRENSAS

El tipo de prensa que encontramos en la almazara de Nigüelas es la denominada «de viga y quintal», un tipo de prensa de palanca cuyo origen se remonta a las prensas de palanca que se utilizaban ya en el siglo VII a. de C. Las prensas de presión por palanca se basan en el principio de la palanca de segundo género, donde el punto de apoyo es la torre de contrapeso, la potencia es la presión ejercida en el extremo de la viga y la resistencia la masa de aceituna molturada.

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Las vigas tienen una longitud de cerca de 12 m y están formadas por tablones de pino unidos mediante pernos de madera y gruesas maromas de esparto. El central es un tronco en cuya horquilla está fijada la tuerca de encina por la que circula el husillo o tornillo sin fin. En la base del husillo, el quintal o pesillo se izaba girando unas barras de madera (bigarras). La cabeza de la viga, que es la parte más gruesa, está situada entre dos maderos verticales llamados vírgenes, fijados a una hornacina (capilla) de la torre de contrapeso, en cuya ranura se introducían las cuñas de apriete (trabones o calzos). En la parte central de la viga están las guiaderas, que evitaban el desplazamiento lateral de las vigas y albergaban en su parte inferior a la lavija, un travesaño cuya función era servir como punto de apoyo para la viga, permitiendo su presencia o ausencia que se prensara o no respectivamente sobre los capachos.

Para hacer funcionar la prensa, había que levantar la cabeza de la viga haciendo girar la tuerca por el husillo, previamente engrasado, en sentido descendente. Luego se colocaban unos trabones en la parte inferior de la viga para mayor seguridad. Una vez colocado debajo el cargo de capachos se izaba un poco la viga para levantar más la cabeza y poder quitar los trabones. Luego se giraban despacio las bigarras en sentido contrario para que la cabeza y el marrano, una pieza de madera fijada bajo la viga que es la que entra en contacto con el cargo para ejercer la presión, bajaran hasta topar con el éste y se pudiese retirar la lavija. En ese momento se colocaban una serie de trabones por la parte superior de las vírgenes para que al hacer descender aún más la cabeza de la viga la prensa quedara fija. Si se continuaba girando en el mismo sentido, llegaba un momento en que el quintal quedaba colgando del husillo y todo el peso del mecanismo recaía sobre el cargo. Una vez izado el quintal se tenía que atar la bigarra a la viga para evitar que el peso del mismo actuara sobre el husillo haciéndolo girar violentamente y pudiendo provocar accidentes. Pasadas unas horas, la pila de capachos con aceituna molida disminuía en altura y la prensa descendía hasta tocar de nuevo el suelo a través del quintal. La siguiente tarea era quitar los trabones de la cabeza y luego subir la tuerca para colocar otra vez la lavija en las guiaderas intermedias, quedando el mecanismo en posición de reposo.

El primer prensado se hacía en frío y el aceite obtenido era virgen, de mayor calidad. Tras este primer apriete, se removía la pasta oleosa de los capachos con las manos o utilizando una palas, luego se regaba con agua hirviendo y, por último, se volvía a poner otra vez bajo la prensa, extrayéndose así un segundo aceite de calidad inferior al primero.

El cargo de capachos, presionado por la viga a través del marrano, descansa sobre la regaifa, una piedra circular de aproximadamente 1,5 m con un canal en su contorno por donde corre el líquido que sale de los capachos llenos de aceituna molida y pasa a las dos vasijas de decantación embutidas en el suelo de la nave bajo cada una de las vigas.

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El aceite obtenido de la primera presión o presión en frío se extraía directamente de la primera tinaja de decantación. Este aceite de oliva virgen solía filtrarse a través de unas finas telas de algodón.

El aceite obtenido de la presión en caliente quedaba flotando sobre los otros líquidos y se recogía con un decantador y luego el resto, a través de conductos subterráneos (el de la segunda vasija de la viga de la izquierda atraviesa longitudinalmente la nave de lado a lado), pasaba a los pozuelos en forma de prisma que se encuentran bajo la viga derecha. A través de sifones, el aceite y los líquidos iban pasando de un pozuelo a otro produciéndose una decantación continua. El aceite que flotaba en la superficie se recogía con unas jarras de hojalata llamadas alcuzas y se trasladaba en cántaros hasta las vasijas de almacenamiento que hay al fondo de la nave, de donde pasaban a la bodega. Todo el proceso de decantación se ve favorecido por la inclinación del empiedro de la nave principal. Del último pozuelo parte otra tubería subterránea que conduce el líquido restante a dos depósitos situados fuera en el patio, las jamileras. En las jamileras se recogían los restos que pudiesen quedar de aceite y el líquido no graso o alpechín se trasladaba a una balsa donde, mezclado con cal apagada, se convertía en abono o se vertía directamente en las acequias de riego, ya que alpechín en pequeñas cantidades servía de abono a las tierras calcáreas de la vega dedicadas a olivar.

Una tubería subterránea conduce el agua del estanque situado en el exterior del edificio, junto a la cárcava, hasta el horno recubierto con material refractario que alberga la caldera y al que se accede por medio de dos puertas situadas a ambos lados de la chimenea. En la caldera se calienta el agua con la que se rocían los capachos para el prensado en caliente.

Teniendo en cuenta que las almazaras funcionaban a pleno rendimiento durante los meses más fríos del año, la chimenea proporciona calor a los operarios y sirve además de espacio para cocinar.

En la nave principal se encuentran además dos «chillas» o camastros elevados donde descansaban los operarios y además se podía observar el proceso del prensado. Un tercer operario dormía junto a la chimenea y se encargaba de mantener el fuego encendido.

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