Dependencias y Funcionamiento

EL MOLINO HIDRÁULICO

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Aunque los rodeznos hidráulicos datan de época anterior a la medieval, es en este momento cuando en España proliferan este tipo de ingenios adaptados a la industria alimentaria. Los árabes admiraron los ingenios romanos, los adoptaron y les añadieron mejoras de tipo tecnológico.

El molino hidráulico de la almazara de Nigüelas es un molino de cubo, tipología introducida por los árabes en época medieval. La técnica consiste en recoger el agua de una acequia en un cubo o cárcava para hacerla pasar por un estrecho orificio llamado saetillo. En el exterior de la almazara de Nigüelas hay una cárcava de tronco piramidal que recoge el agua de la acequia del canalón, que recorre la calle. El agua se desvía en una bifurcación, entra en la cárcava y vuelve a salir a la acequia tras pasar por debajo del molino. Junto al espacio que ocupa el molino hidráulico existe una trampilla por la que los molineros accedían a la palanca que permitía abrir la compuerta de paso. Este sistema permitía aumentar la presión y economizaba agua.

La fuerza del agua incide sobre un rodezno de madera: una rueda con paletas curvas o álabes unida a un eje vertical, normalmente de olivo o castaño, por ser éstas maderas más resistentes al desgaste. La estructura consiste en cuatro listones muy gruesos en forma de cruz que sirven a otros más pequeños de soporte, ajustados por presión y sujetos a las pletinas circulares de acero mediante unos pernos de fácil sustitución.

Los rodeznos de madera son los más antiguos que se conocen y se componían de tablas de madera encastradas en un tronco de árbol, pero estas formas primitivas evolucionaron hacia formas curvas, de ahí que los álabes reciban también la denominación de «cucharas».

En el caso que nos ocupa, la maquinaria del molino hidráulico es de hierro y data ya del siglo XIX. La estructura de los componentes es básicamente la misma al igual que las denominaciones, con la lógica incorporación de novedades técnicas además de la sustitución de la madera por el metal. Las labores de restauración llevadas a cabo en el molino han permitido el acceso y documentación de su rodezno. Una rueda de hierro alojada en el cárcavo que se acciona al abrir la compuerta que da paso al agua a través de un largo saetillo de madera con cinchas de metal. Sobre la solera, el principio de funcionamiento de este molino es el mismo que en el de sangre, sólo que en este caso es el agua la que, a través del rodezno, imprime al eje el movimiento giratorio que mueve la muela olearia.

La maquinaria de hierro de este molino está preparada para admitir dos muelas, pero sólo cuenta con una, vertical, y la otra ha sido sustituida por una tolva, un recipiente de madera en forma de pirámide invertida a través del cual las aceitunas caen sobre la solera de forma uniforme.

Cuando el rozamiento acababa por alisar las muelas, se hacía necesario el uso de la bujarda, una especie de martillo de dos bocas cuadradas que acaban en una o varias puntas y que servía para picar la superficie de contacto de la muela con el empiedro a fin de devolverle la rugosidad. Cuando las muelas estaban muy desgastadas, se procedía a su sustitución.

La masa o mastrujo que se obtenía de la molienda se depositaba en las tinajas de cerámica que se encuentran al pie de la solera. En ellas, el mastrujo toma la temperatura de la nave principal, que se calentaba de forma permanente para facilitar las labores de prensado.

EL PRENSADO

En la nave de prensado se realizaba el proceso de prensado y separación de sólidos (orujo, restos de piel y huesos) y líquidos (aceite, alpechín y agua).

El mastrujo depositado en las tinajas a pie de solera se introducía en capachos para proceder al proceso de prensado. Los capachos están formados por dos esteras de esparto de alrededor de un metro de diámetro cosidas por los cantos, con un pequeño orificio en la parte inferior y otro grande en la parte superior para introducir la masa de aceituna molturada. La función de los capachos era la de retener la masa sólida y permitir el filtrado del aceite cuando el mastrujo era sometido a presión.

Ayudados de palas, los operarios vertían una determinada porción de pasta sobre cada capacho y luego la distribuían uniformemente por todo su área, formando finas capas de varios centímetros. Luego los iban superponiendo hasta formar una especie de torre denominada cargo. En esta prensa, un cargo equivaldría a una masa correspondiente a 250 kg o cinco fanegas de aceituna. Cada quince o veinte días, los capachos eran sustituidos por otros nuevos.

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